El cielo luce tranquilo y el viento sopla suave, como queriéndote acariciar. El sol te quema la piel y calienta tu pequeña cabeza, no te ayuda a pensar pero, en combinación con el viento, te hace sentir entre los cálidos brazos de alguien que te ama. Las nubes se desplazan casi imperceptiblemente, pero tú notas como cambian de forma y se fusionan y separan. El tiempo ha pasado y el mundo ya no es el de antes. Las personas se mueven rápidamente por las veredas y miran al piso, con las manos en los bolsillos. Nadie parece percatarse del maravilloso paisaje de nubes, encima de ellos. Personas normales, con convicciones normales, vidas normales, con noches normales. Cerebros en buenas condiciones y espíritus sin acceso a las profundidades de su ser.
Los vientos soplan más fuertes, tus cabellos se mueven como delgados látigos pegándole a un prisionero que no existe. No puedes abrir demasiado los ojos por que se secan. Las nubes en el cielo se han convertido en un gran techo de color gris oscuro, parece moverse a toda velocidad pero está ahí, quieto. Las personas caminan más rápido por las veredas, se atropellan unas a otras y el mundo pierde gallardía. Los vientos no se detienen y te comienzas a asustar.
El huracán avanza rápidamente por entre las calles y varias construcciones se desploman a su paso, pedazos de madera salen volando y aterrizan para arrastrarse por el cemento. El mundo va a acabar, piensas. La gente comienza a correr sin balance, apoyándose en sus manos para no caer de quijada al piso. Las tejas de las casa viejas se desprenden y comienzan a volar, como si quisieran pegarte en la cabeza. El ensordecedor sonido de el viento en tus orejas no te deja escuchar los gritos de las personas que yacen en las calles atropelladas, quizás por algún automóvil sin conductor, quizás por algún desesperado conductor. Tú y tu alma se paran en medio del parque y desafían al huracán. Sabes que no hay nada que puedas hacer pero no desperdiciaras esa oportunidad de sublimar tu alma hasta el límite. Te mantienes en pie inclinándote hacia adelante entreabriendo los ojos por si necesitas esquivar algo. Entonces lo sientes, el deseo de dejarte llevar. Dejar las cosas como están y disfrutar tu aceleración hasta alguna pared de material lo suficientemente duro como para detener tu vida. Sabes que no debes, sabes que no puedes, sabes que si lo haces perderás control de tu ser, serás uno con el huracán. Lo deseas tanto.
Los vientos soplan más fuertes, tus cabellos se mueven como delgados látigos pegándole a un prisionero que no existe. No puedes abrir demasiado los ojos por que se secan. Las nubes en el cielo se han convertido en un gran techo de color gris oscuro, parece moverse a toda velocidad pero está ahí, quieto. Las personas caminan más rápido por las veredas, se atropellan unas a otras y el mundo pierde gallardía. Los vientos no se detienen y te comienzas a asustar.
El huracán avanza rápidamente por entre las calles y varias construcciones se desploman a su paso, pedazos de madera salen volando y aterrizan para arrastrarse por el cemento. El mundo va a acabar, piensas. La gente comienza a correr sin balance, apoyándose en sus manos para no caer de quijada al piso. Las tejas de las casa viejas se desprenden y comienzan a volar, como si quisieran pegarte en la cabeza. El ensordecedor sonido de el viento en tus orejas no te deja escuchar los gritos de las personas que yacen en las calles atropelladas, quizás por algún automóvil sin conductor, quizás por algún desesperado conductor. Tú y tu alma se paran en medio del parque y desafían al huracán. Sabes que no hay nada que puedas hacer pero no desperdiciaras esa oportunidad de sublimar tu alma hasta el límite. Te mantienes en pie inclinándote hacia adelante entreabriendo los ojos por si necesitas esquivar algo. Entonces lo sientes, el deseo de dejarte llevar. Dejar las cosas como están y disfrutar tu aceleración hasta alguna pared de material lo suficientemente duro como para detener tu vida. Sabes que no debes, sabes que no puedes, sabes que si lo haces perderás control de tu ser, serás uno con el huracán. Lo deseas tanto.





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